sábado, junio 30, 2007

Sentada bajo el árbol del olvido recuerdo lo que fuí y pude haber sido y lo que no hice. Recorro caminos nunca escritos ni en la tierra ni en las estrellas y todos me llevan a un mismo sitio. Mi nombre permanece enterrado en un jardín del pasado y mi memoria no recuerda haberlo olvidado. Ya no tengo palabras que decir ni mentiras que escuchar...
Escucho la sentencia mas no he cometido crimen ni pecado que no haya exculpado y gritado mil veces al viento. No se si escucho al cielo. Le tengo apego a la vida y a la desesperación pues es mía. La escalera que subo siempre me conduce hacia abajo y la luz que muestran sus escalones se ha quedado en la cima. La luna me sonríe como a cualquier loco que ya no sabe qué va encontrando en su camino, que ni siquiera sabe qué encontrar...
Le tengo apego a mi vida...¿mi vida? y quizás a mi dolor. Yo mismo me arrancaré el puñal si quiero y me cauterizaré la herida construyendo con las cicatrices una escalera que no me lleve abajo. La paz está lejos. El ocaso es sólo una palabra. Los ojos que miramos no son nuestros y nada es eterno ni imperecedero...

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