La mirada verde sabe a paz ahora perdida. Las gotas caen ocultando la vista como lágrimas irrecuperables de un dios triste que perdió su poder. Las estatuas nunca han guardado sentimientos en sus pétreos corazones, sólo el anhelo que el cincel grabó a fuego en sus ciegos ojos tantas veces sin color ni horizonte. Matizan la luz sombras que creí olvidadas hasta que gritaron su nombre de ayer. Perdí soldaditos en estúpidas batallas contra el tiempo, que fundió sus corazones con el de la bailarina del cuento sólo que éste no latía ni se iluminaba ni infundía afables sensaciones.
No hay final feliz, sólo un descanso en un repecho de un camino siempre ascendente. No hay final, te digo. Sólo la aceptación de la lucha, la permanencia, el cerrar de ojos y abrirlos en otro sitio nuevo e indiferente ...
sábado, junio 23, 2007
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